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domingo, 21 de diciembre de 2008

Pecas.


A mí me gustan las chicas con pecas; son lindas. Siempre las miro y parecen fotos antiguas, medias amarillentas, como de tarde de domingo, de una playa donde van sólo abuelos.


Se ven lindas las pequitas.




A mí me gustan las chicas con pecas; siempre parecen de otro país. Siempre se ven como de lejos, aunque estén al lado, se ven en otro idioma, más anaranjadas, más bonitas; como si hubiesen nacido en otro tiempo y otro espacio aunque nacieron en mi mismo año y probablemente en un lugar cercano.




A mí me gustan las chicas con pecas, las que se hacen las valientes por la vida, que pueden decir cosas feas y herir, pero siguen teniendo pequitas de 5 años y que se ven de todos los cafecitos en las fotos (se ven, aunque no las quieran).




Me gustan las chicas con pecas, son tan lindas. Aunque las nieguen, las saquen, las maquillen para que nadie las vea, porque cuando se ven las pequitas son frágiles y niñas, de pelo rojo, rulos y ojos negros grandes otra vez, entrando al jardín con miedo otra vez, sin atreverse otra vez, abrazando la cama otra vez porque hay tantas cosas que dan miedo cuando tienen pequitas. Y las pecas no se van con los años, siempre son niñas, siempre es la primera vez y siempre es así de difícil. La gracia está en mirarles las pecas, los ojos negros llorosos y decirles que si pueden, porque todos saben que las niñas con pecas son las más lindas del mundo.






Y que nunca, jamás, serán una más en el montón.















(Claudia, te adoro. Eres mi colorina favorita por siempre)